Barry
Barry tiene una historia muy dura. Fue comprado por una familia siendo un bebé para engordarlo y ser la cena de Navidad o Año Nuevo. Lo alimentaron un tiempo pero no se animaron a matarlo con sus propias manos, y entonces lo fueron dejando morir: estaba escuálido, con parásitos, bajo de peso y deshidratado. Una vecina lo vio y decidió actuar dando aviso para que pueda ser rescatado. Cuando llegó al santuario, inmediatamente se hizo amigo de los animales, pero con los humanos nunca pudo adaptarse y con toda razón. A pesar del paso del tiempo, sigue siendo muy bravo y, ya como un toro adulto, confía en muy pocas personas: al resto las ignora o directamente las ataca. A veces, y solo a veces, se deja tocar.